La alimentación es un proceso esencial para la vida, pero en la vejez puede convertirse en una tarea compleja y peligrosa. Cuando una persona experimenta dificultades para trasladar el alimento desde la boca hasta el esófago, se encuentra ante una condición médica denominada disfagia orofaríngea. Este trastorno no es una consecuencia normal del envejecimiento; por el contrario, representa un síntoma que requiere atención médica inmediata para evitar complicaciones graves como la desnutrición o la neumonía.
La deglución es un acto coordinado que dura entre 3 y 8 segundos. En este proceso intervienen el sistema nervioso central, diversos músculos y pares craneales. Según la Sociedad Andaluza de Patología Digestiva (SAPD), la deglución debe cumplir dos objetivos: la eficacia (ingesta de calorías y agua necesaria) y la seguridad (evitar que el alimento pase a la vía respiratoria).
Cuando el mecanismo falla, ocurre la penetración o la aspiración. La Mayo Clinic explica que la disfagia orofaríngea debilita los músculos de la garganta, lo que facilita que los líquidos o sólidos bajen por la tráquea o suban por la nariz. Esta situación genera una alerta en el organismo que se manifiesta a través de señales muy específicas.
Señales de alerta de disfagia orofaríngea
Identificar la disfagia orofaríngea a tiempo es vital. El Hospital Universitario Nacional de Colombia (HUN) destaca que este trastorno se manifiesta de formas diversas durante la comida. Usted debe prestar especial atención si nota que el adulto mayor presenta:
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Tos o arcadas: ocurren durante o justo después de la ingesta de alimentos o líquidos.

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Cambios en la voz: aparición de una "voz húmeda" o ronquera tras tragar.
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Escape de alimento: salida involuntaria de comida de la boca.

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Residuos en la boca: presencia de restos de alimento en las mejillas o encías después de terminar de comer.
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Masticación prolongada: el tiempo para procesar cada bocado aumenta de forma considerable.
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Sensación de obstrucción: el paciente siente que la comida se queda "atascada" en la base de la garganta.

Riesgos y consecuencias de una ingesta insegura
La falta de diagnóstico tiene un impacto directo en la supervivencia. Las cifras son claras: la SAPD señala que hasta el 60% de los adultos mayores en instituciones presentan algún grado de disfagia. Si el problema persiste, el paciente enfrenta un riesgo elevado de neumonía por aspiración, una infección causada por la entrada de bacterias y restos alimenticios en los pulmones.
Además, el HUN advierte sobre la "ingesta ineficiente". Esto ocurre cuando el esfuerzo que realiza la persona para comer es superior a la energía que obtiene de los alimentos, lo cual acelera cuadros de deshidratación y pérdida de peso severa.

Pautas para una alimentación segura
Para manejar la disfagia orofaríngea, el enfoque debe ser multidisciplinar. La modificación de las texturas es la estrategia más efectiva. Se recomienda el uso de espesantes para los líquidos o de papillas que no requieran espesante, ya que esto otorga mayor control sobre el bolo alimenticio. Asimismo, la postura es fundamental: la persona debe permanecer sentada a 90 grados durante la comida y mantener esa posición al menos 30 minutos después de finalizar.
La higiene oral también es crítica. Una boca libre de bacterias reduce el riesgo de infecciones pulmonares en caso de que ocurra una microaspiración accidental.
Si usted o un familiar presenta estos síntomas, la intervención nutricional es el primer paso hacia la recuperación.
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Fuentes consultadas:
