A lo largo de la vida, el cuerpo almacena recuerdos de todo tipo, incluso de aquellas infecciones que superamos en la infancia. Si usted experimentó la varicela cuando era niño, el microorganismo responsable de esa enfermedad nunca abandonó su cuerpo. El virus se aloja de forma silenciosa en las raíces nerviosas y permanece allí, dormido, durante décadas sin causar ninguna molestia. Sin embargo, en la edad adulta, este inquilino inesperado puede despertar y manifestarse a través de un sarpullido doloroso conocido como Herpes Zoster.
¿Por qué el Herpes Zóster aparece en la vejez?
El sistema inmunológico cambia con el paso de los años de la misma manera en que lo hace el resto del cuerpo. A medida que envejecemos, las defensas naturales experimentan un proceso de desgaste biológico normal que reduce su capacidad para mantener bajo control a ciertos virus latentes. Esta disminución de la inmunidad celular explica por qué el Herpes Zóster ataca principalmente a personas mayores de sesenta años o a quienes atraviesan períodos de alto estrés y fatiga física. El microorganismo aprovecha esta debilidad temporal de las defensas para avanzar por las fibras nerviosas hasta alcanzar la superficie cutánea.
Cuando el virus se reactiva, el primer aviso suele ser un dolor punzante, un hormigueo o una sensibilidad extrema en una zona específica del torso, el rostro o la espalda. Días después, brota una hilera de pequeñas ampollas líquidas que siguen el recorrido del nervio afectado, casi siempre en un solo lado del cuerpo. Esta manifestación de la enfermedad genera un malestar profundo que interrumpe el descanso nocturno y las actividades cotidianas más sencillas. La consulta médica pronta, idealmente dentro de las primeras setenta y dos horas, favorece un control rápido del brote.
¿Por qué hay picor?
Una vez que las ampollas se secan y forman costras que caen, muchas personas piensan que el problema terminó. No obstante, una secuela habitual de esta afección es la permanencia de un picor intenso o dolor en la zona afectada. Esta complicación recibe el nombre de neuralgia postherpética y ocurre porque el virus lesiona las fibras nerviosas durante su viaje hacia la superficie. Los nervios dañados pierden la capacidad de enviar mensajes correctos al cerebro y, en su lugar, transmiten señales erróneas de ardor, hipersensibilidad o una molesta comezón que perdura por meses.

Vivir con esta molestia residual por el Herpes Zóster desgasta el ánimo de los adultos mayores, pues el simple roce de la ropa o una sábana despierta un picor desesperante. Los especialistas sugieren proteger la zona con cremas humectantes neutras y evitar el rascado directo, puesto que las uñas lesionan el tejido frágil y abren la puerta a infecciones bacterianas adicionales en la superficie de la cara o el cuerpo.
La atención adecuada en el hogar mitiga la intensidad del brote y favorece una recuperación cutánea más llevadera. Si usted o un familiar nota los primeros indicios de esta erupción, resulta conveniente adoptar medidas de higiene sencillas que cuidan la integridad del tejido:
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Lave la zona afectada con agua fresca y un jabón suave, sin frotar la piel para no romper las ampollas.
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Use prendas de vestir holgadas, confeccionadas con algodón suave que reduzca la fricción sobre las lesiones.
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Aplique compresas húmedas y frías sobre el sarpullido durante varios minutos para calmar el ardor de forma temporal.
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Mantenga las heridas limpias y secas una vez que las ampollas comiencen el proceso de cicatrización natural.
El cuidado de la salud de las personas mayores implica estar informados sobre los riesgos que pueden afectarlos. El Herpes Zóster altera su calidad pero la medicina actual dispone de herramientas de prevención eficaces, como las vacunas diseñadas especialmente para fortalecer las defensas en la tercera edad.
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Fuentes
Herpes zóster: Síntomas y causas (2024) - Mayo Clinic
Herpes zóster e infecciones de la piel (2025) - MedlinePlus
Herpes Zóster y neuralgia postherpética (2024) - Clínica Universidad de Navarra
