Sentir que el alimento se detiene en el tórax después de haber tragado con normalidad es la señal característica de la disfagia esofágica. A diferencia de otros trastornos donde la dificultad empieza en la boca, este problema surge cuando el bolo alimenticio (comida masticada) encuentra un obstáculo o una falla de movimiento en su camino hacia el estómago. Para quien lo padece, cada comida puede transformarse en una experiencia de presión y malestar en el pecho que requiere atención clínica especializada.
La deglución es un proceso de precisión que no termina al pasar la garganta. El portal clínico DynaMed (2025) añade una distinción vital para su diagnóstico: la disfagia esofágica puede ser estructural o motora.

En el primer caso, existe un obstáculo físico como tumores, anillos esofágicos o estrechamientos. En el segundo, se trata de un fallo en las contracciones del propio esófago, como ocurre en la acalasia. Además, el consumo de ciertos medicamentos en pastilla, como algunos antibióticos o antiinflamatorios, puede causar lesiones directas en la mucosa esofágica, lo que agrava la condición y dificulta el tránsito del alimento.

¿Cómo identificar la disfagia esofágica?
Usted debe observar con atención el comportamiento de la persona mayor durante y después de las comidas. Según las recomendaciones del UEG Journal (2025), la identificación de estos síntomas es el paso fundamental para prevenir complicaciones. Los síntomas más habituales de este tipo de disfagia son:
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Presión retroesternal: Sensación de que el bocado se queda "atascado" justo detrás del esternón.
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Regurgitación tardía: Retorno de comida a la boca un tiempo después de haber ingerido el alimento.
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Necesidad de líquidos para pasar: El paciente bebe agua de forma constante para "ayudar" a que el sólido logre descender.
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Dolor en el pecho: Molestia o ardor en el tórax al intentar pasar los alimentos.
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Pérdida de peso progresiva: Debido al miedo a comer por la sensación de obstrucción constante.
Diferencia entre la disfagia orofaríngea y la esofágica
Es fundamental que usted aprenda a distinguir dónde reside el problema para informar correctamente al médico. La disfagia orofaríngea ocurre al puro inicio; el paciente tiene problemas para masticar y la tos aparece de forma inmediata. Por el contrario, en la disfagia esofágica, el inicio de la deglución es normal y fluido, pero el malestar aparece instantes después en la zona media o baja del pecho. Mientras la primera suele vincularse a trastornos neurológicos, la segunda se relaciona mayoritariamente con problemas mecánicos o de presión del conducto esofágico.
La ciencia médica actual, según estudios publicados por el PMC (NIH) en 2025, vincula estrechamente la disfagia con el síndrome de fragilidad. Un adulto mayor que experimenta obstrucciones frecuentes tiene tres veces más riesgo de sufrir un deterioro físico generalizado. La pérdida de masa muscular, o sarcopenia, debilita también la potencia de las contracciones del esófago, lo cual crea un círculo peligroso donde la debilidad muscular empeora la alimentación y viceversa.
Se estima que un porcentaje alarmante de personas mayores presentan malnutrición debido a estas dificultades. Si el aporte de proteínas decae, el sistema inmunitario se debilita, lo que aumenta el riesgo de infecciones y caídas.
Una solución nutritiva y segura
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Fuentes consultadas:
