Durante la Alcaldía de Claudia López, entre 2020 y 2023, se impulsó la iniciativa Bogotá cuidadora, una estrategia orientada a reconocer, redistribuir y, sobre todo, reducir la carga del cuidado. Esta política pública puso el foco principalmente en las mujeres de zonas vulnerables de la capital, a través de la creación del Sistema Distrital de Cuidado y de las hoy ampliamente reconocidas manzanas del cuidado.
Las manzanas del cuidado se consolidaron como una de las primeras grandes apuestas institucionales para apoyar a las mujeres cuidadoras. Mientras personas capacitadas se encargaban del cuidado de sus seres queridos, ellas podían dedicar su tiempo a procesos de formación académica, recibir atención psicológica y médica, realizar actividad física y fortalecer sus capacidades en labores de cuidado, que en la mayoría de los casos se ejercen de manera informal.
La estrategia Bogotá cuidadora cobijó a personas cuidadoras sin distinción del vínculo de cuidado, ya fuera hacia hijos, adultos mayores o personas con discapacidad. Además, ofreció apoyo en las labores domésticas mediante la instalación de lavadoras comunitarias dentro de las mismas manzanas del cuidado, al reconocer que el lavado de ropa representa una de las tareas que más tiempo y esfuerzo exige, especialmente cuando se realiza de forma manual.
Pese a que la iniciativa Bogotá cuidadora recibió aplausos y reconocimiento a nivel mundial, así como premios y distinciones internacionales, y aunque la administración actual se comprometió a continuar y fortalecer esta política pública, el problema estructural del cuidado sigue presente y sin una solución de fondo.
¿Por qué Bogotá cuidadora no resuelve el problema de fondo?
Para comprender esta situación resulta necesario revisar las cifras. En Colombia, las mujeres realizan el 76,2 % del tiempo total dedicado al cuidado directo no remunerado en los hogares. Además, destinan en promedio 7 horas y 14 minutos diarios al trabajo no remunerado, que incluye cuidados directos, indirectos y pasivos, según datos del DANE. Otras estimaciones, como las del Banco Interamericano de Desarrollo, elevan esta carga hasta 16 horas diarias.
Esta cifra aumenta de manera significativa cuando se incorpora el denominado cuidado pasivo, entendido como la vigilancia permanente mientras se realizan otras actividades. Este tipo de cuidado ocupa en promedio 6 horas y 45 minutos al día para las 10,2 millones de personas que lo ejercen.
Otro elemento clave dentro de esta problemática es la intensidad del cuidado. Las personas cuidadoras no remuneradas dedican en promedio más de 6,5 días a la semana a estas labores, lo que evidencia la necesidad de apoyos continuos y no intervenciones puntuales o temporales.
El componente financiero también queda relegado. La falta de tiempo impide que muchas personas cuidadoras accedan a un empleo remunerado. De hecho, el 48 % de los cuidadores no remunerados en la región afirma haber dejado de trabajar debido a sus responsabilidades de cuidado. En el caso de las mujeres cuidadoras que logran mantenerse en el mercado laboral, sus ingresos mensuales son en promedio un 11 % inferiores a los de las mujeres que no asumen estas tareas.
A esto se suma el descuido personal. En Colombia, las personas cuidadoras invierten un 5 % menos de tiempo en su propio cuidado, incluido el descanso, frente a quienes no cuidan. A nivel regional, el 48 % de los cuidadores no remunerados no accede a la atención médica que necesita debido a la carga de cuidado que asume.
El panorama resulta aún más preocupante cuando se observa la proyección futura. Actualmente existen cerca de 8 millones de personas mayores con necesidades de cuidado en América Latina y el Caribe, una cifra que se triplicará hacia el año 2050.
En este contexto, iniciativas como Bogotá cuidadora representan un avance importante, pero insuficiente frente a un desafío que exige transformaciones estructurales, sostenidas y con un enfoque integral del cuidado como un asunto central de política pública.

